Tema

Aborto

      

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días cree en la santidad de la vida humana. Por lo tanto, la Iglesia se opone al aborto electivo por motivos de conveniencia personal o social, y aconseja a sus miembros que no se sometan a un aborto, ni que lo lleven a cabo, ni que paguen ni hagan arreglos para que se realicen tales abortos.

La Iglesia concede posibles excepciones a sus miembros cuando:

  • El embarazo es resultado de una violación o un incesto o
  • Un médico competente determina que la vida o la salud de la madre está en serio peligro o
  • Un médico competente determina que el feto tiene defectos graves que no permitirán al bebé sobrevivir después del nacimiento.

La Iglesia enseña a sus miembros que incluso estas raras excepciones no justifican el aborto en forma automática. El aborto es un asunto sumamente serio y debe considerarse solamente después de que las personas afectadas hayan consultado con sus líderes eclesiásticos locales y sientan mediante la oración personal que su decisión es correcta.

La Iglesia no se ha mostrado a favor ni en contra de las propuestas legislativas ni de las manifestaciones públicas en cuanto al aborto.

Presidente Russell M. Nelson (Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

“Aunque la pérdida de vidas debido a las guerras es lamentable, estas cifras se ven empequeñecidas junto a las de una nueva guerra que anualmente cobra más víctimas que el número total de muertes de todas las guerras de este país [Estados Unidos].

“Es la guerra al indefenso, al que no puede hablar; es la guerra al que aún no ha nacido. “Esa guerra, que se llama aborto, ha alcanzado proporciones gigantescas en todo el mundo. Más de cincuenta y cinco millones de abortos se registraron sólo en el año 1974. El sesenta y cuatro por ciento de la población mundial vive actualmente en países que aprueban legalmente esta práctica. En los Estados Unidos de América, se efectúan más de un millón y medio de abortos al año. Entre el veinticinco y el treinta por ciento del total de embarazos termina ahora en aborto. En algunas grandes metrópolis, hay más abortos que nacimientos. En otras naciones, las cifras son semejantes” (Liahona, abril de 1985, pág. 11).

Presidente Spencer W. Kimball (Presidente número 12 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

“El aborto es una maldad cada vez mayor que nosotros impugnamos. Ciertamente sería difícil justificar el terrible pecado de un aborto premeditado. Es casi inconcebible que se cometa para evitar el bochorno, conservar las apariencias o escapar a la responsabilidad. ¿Cómo puede uno someterse a tal operación o participar en ella de manera alguna, aconsejándola o costeándola? Si pudiera encontrarse justificación en casos raros y especiales, no cabe duda de que efectivamente serían inusuales. Lo colocamos entre los primeros de la lista de pecados contra los cuales vigorosamente amonestamos a la gente.

“El aborto debe ser considerado como una de las prácticas más pecaminosas y repugnantes de esta época en la que estamos presenciando la espantosa actitud licenciosa que conduce a la inmoralidad sexual.” (Priesthood Bulletin, febrero de 1973, pág. 1); (Liahona, agosto de 1974, pág. 34).

Presidente Gordon B. Hinckley (Presidente número 15 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

¿Cuál es su posición con respecto al aborto?
“Según los centros de control y prevención de enfermedades, se practicaron más de 1.200.000 abortos en 1995 tan sólo en los Estados Unidos.

¿Qué ha ocurrido con nuestro respeto por la vida humana?
¿Cómo pueden mujeres, y hombres, negar el gran y valiosísimo don de la vida que es divino en su origen y naturaleza?
“¡Qué cosa asombrosa es un niño! ¡Qué hermoso es un niño recién nacido! No hay milagro más grande que la creación de la vida humana".
“El aborto es una práctica horrenda, envilecedora y que inevitablemente provoca remordimiento, pesar y lamentación".

“Aun cuando lo condenamos, pensamos que debe permitirse en ciertas circunstancias, como cuando el embarazo ha sido provocado por incesto o violación, cuando la vida o la salud de la madre corren serio peligro según la opinión de autoridades médicas competentes, o cuando estas autoridades médicas saben que el feto padece de graves defectos que no permitirán a la criatura sobrevivir más allá del nacimiento".

“Pero esos casos son poco comunes y hay muy pocas probabilidades de que se presenten. En esas circunstancias, a los que se ven enfrentados al problema se les pide que consulten a sus líderes eclesiásticos locales y que oren con gran fervor, que reciban una confirmación por medio de la oración antes de proceder".

“Hay un camino mejor. “Si la mujer no tiene posibilidades de casarse con el padre de la criatura y si ha sido abandonada, queda la muy bienvenida opción de poner al niño para adopción por padres que lo quieran y lo cuiden. Hay muchos matrimonios en buenos hogares que anhelan un hijo y que no pueden tenerlo” (Liahona, enero de 1999, págs. 83–84).

“Ustedes, que son esposas y madres, son el fundamento de la familia. Ustedes dan a luz los hijos. Qué responsabilidad tan enorme y sagrada. Se me informó que entre 1972 y 1990, hubo 27 millones de abortos en los Estados Unidos solamente. ¿Qué le está sucediendo a nuestro aprecio por la santidad de la vida humana? El aborto es una maldad cruda, real y repugnante que está arrasando la tierra. Ruego a las mujeres de esta Iglesia que lo rechacen, que lo resistan y que se mantengan alejadas de aquellas situaciones comprometedoras que lo hacen parecer deseable. Quizás existan algunas circunstancias bajo las cuales pueda ocurrir, pero son sumamente limitadas y, en su mayor parte, improbables. Ustedes son las madres de los hijos y de las hijas de Dios, cuyas vidas son sagradas. El protegerlas es una responsabilidad divina que no se puede descartar a la ligera” (Liahona, enero de 1999, pág. 117).

Élder Dallin H. Oaks (Miembro del Quorum de los Doce Apóstoles de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

“El acto de destrucción más abominable es quitarle la vida a alguien; por eso, el aborto es un pecado tan grave. Nuestra posición en cuanto al aborto no se basa en un conocimiento revelado que nos aclare desde el punto de vista legal cuándo empieza la vida, sino que lo que la determina es nuestro conocimiento de que, de acuerdo con un plan eterno, existe un propósito glorioso para que todos los hijos espirituales de Dios vengan a la tierra, y que la identidad individual de cada uno comienza mucho antes de la concepción y continuará en las eternidades por venir. Confiamos en los profetas de Dios, que nos han dicho que, aunque existen ‘raras’ excepciones, ‘la práctica del aborto voluntario está fundamentalmente opuesta al mandamiento del Señor: “No… matarás, ni harás ninguna cosa semejante” (D. y C. 59:6)’ (Suplemento 1991 del Manual General de Instrucciones, 1991).

“Nuestro conocimiento del gran plan de felicidad nos proporciona además una perspectiva exclusiva del matrimonio y de los hijos; también en este aspecto vamos en contra de la fuerte corriente de las costumbres, las leyes y la economía” (Liahona, enero de 1994, pág. 86).

Élder Boyd K. Packer (Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles (febrero 2008 – julio 2013) de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).

"Sea lo que fuere que las leyes del hombre lleguen a tolerar, el mal uso del poder de procreación, la destrucción de una vida inocente por medio del aborto y el maltrato a los niños pequeños son transgresiones de enormes proporciones, puesto que, acunado en ellas, yace el destino de niños inocentes y desvalidos” (Liahona, enero de 1987, pág. 17).

“En ningún otro caso se defiende con tanto vigor el derecho de elección como se hace en el caso del aborto. Si se opta por tener relaciones sexuales, y si se concibe una criatura, los resultados de dicha elección ya no se pueden deshacer. Sin embargo, todavía existen alternativas, y siempre hay una mejor.

“Algunas veces se ha quebrantado el convenio del matrimonio, aunque en la mayoría de los casos ese convenio no se hizo. Ya sea dentro o fuera de los vínculos matrimoniales, el aborto no es una decisión de una sola persona, ya que por lo menos tres vidas son las que se ven afectadas.
“Las Escrituras nos dicen: ‘No… matarás, ni harás ninguna cosa semejante’ (D. y C. 59:6).
“Con excepción del embarazo como consecuencia del terrible crimen de incesto o violación, o cuando la ciencia médica confirma que la vida de la madre está en peligro, o que debido a una seria anormalidad el feto no sobrevivirá al nacimiento, el aborto está en la categoría de lo que ‘no harás’. Aun en esos casos tan singulares, es necesario orar mucho para tomar la decisión correcta.
“Nos enfrentamos a decisiones tan delicadas porque somos hijos de Dios” (Liahona, enero de 1991, pág. 97).

“No sé de ningún pecado relacionado con las normas morales por el que no podamos ser perdonados. No hago excepción del aborto” (Liahona, julio de 1992, pág. 76).

Élder Neal A. Maxwell (Miembro del Quorum de los Doce Apóstoles (julio 1981 – julio 2004) de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días).


“El aborto, que ha aumentado en tan enormes dimensiones, nos lleva a preguntarnos: ‘¿Será posible que nos hayamos apartado tanto del segundo gran mandamiento de Dios de amar a nuestro prójimo que una criatura que se encuentra en estado fetal ya no merece ser amada ni siquiera como prójimo de su madre?’ Incluso así, la violencia hacia los que no han nacido no justifica otras manifestaciones de violencia” (Liahona, julio de 1993, pág. 87).
 

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